viernes, 9 de octubre de 2009

Improvisación, flexibilidad, planificación y rigidez.


En una semana me han dicho dos veces que estoy improvisando y, aunque ha sido la misma persona en las dos ocasiones, creo que merece una reflexión y sobre todo una aclaración por mi parte.


Primero haré una declaración de principios.


Me considero un tipo flexible de pensamientos y acciones. Con buen instinto a la hora de improvisar estrategias sobre la marcha. Planificado a niveles generales y rígido sólo con algunas manías que llevan junto a mi muchos años (no soporto que el papel de baño gire hacia adentro, en lugar de hacia afuera).


Soy admirador de las personas que planifican, pero detractor de las que no ceden ni un centímetro de su planificación, por el simple hecho de que "lo tengo planificado así". La rigidez no va conmigo. Soy un alma libre que valora la capacidad individual de las decisiones de última hora. Sobre todo si van orientadas a mejorar el resultado final del objetivo planteado.


Quizás porque toda mi vida he jugado baloncesto, es que admiro a la gente que me sorprende en el último segundo con alguna genialidad. Esta claro que no todos somos Michael Jordan, pero dejar una puerta abierta a cambiar la planificación establecida, puede hacer la diferencia entre el trabajo bien hecho y la excelencia.


Lo bueno que tienen las planificaciones es que pueden modificarse. Lo ideal es no hacerlo, pero si tienes un buen motivo o una razón de peso que no consideraste, es mejor rectificar que seguir con lo planificado. Sobre todo si el cambio te ayuda a conseguir de mejor manera los objetivos.


A nivel de usuarios, lo más probable es que la gran mayoría reaccione a tus acciones como lo tienes previsto, pero siempre habrá alguno que se salga de la línea y sobre el cual tendrás que hacer algo especial. Evalúa si vale la pena y hazlo.


No pienses en qué es lo mejor para ti. Piensa en qué es lo mejor para el proyecto y sobre todo en lo que es mejor para el usuario.


Saludos


Erasmo